Review: Z la ciudad perdida

La fascinación por la aventura, cuando aún quedaban tantas cosas por descubrir en nuestra propia tierra y ciertas personas eran capaces de sacrificar su vida, su salud y sus comodidades con el objetivo de obtener un mayor conocimiento del mundo que habitamos, cuando viajar ya era una actividad habitual pero aún intrépida y arriesgada, llena de percances inesperados y dificultades sobrevenidas… Parece que de todo esto hace mucho tiempo pero apenas ha pasado poco más de un siglo y a nuestros ojos, esclavos de lo inmediato y de lo fácil, se nos antoja una empresa titánica o absurda, fruto de la enajenación o del disparate. Pero nuestra realidad presente se cimienta sobre estas ansias de saber, sobre el legado de tantos hombres que arriesgaron su vigor y sus haciendas en aras de un ideal o de unas fantasías que nos parecen absurdas o anticuadas, ahítos como estamos de conocimiento urgente, apresados en un mundo veloz donde hemos perdido la perspectiva del peligro y del valor del esfuerzo invertido en alcanzar la utopía.

Esta cinta se construye sobre estas innumerables ilusiones desmesuradas y se yergue sobre el perenne afán fantasmagórico que anida en ciertos espíritus inquietos y que a veces han dado frutos inesperados mientras que otras veces ha sucumbido a los peligros del caos. Es una propuesta a contracorriente, alejada del histerismo atolondrado del ‘más difícil todavía’ y se contenta con presentar el ardor de la batalla física y personal contra circunstancias adversas, donde prima la importancia del carácter sobre la vistosidad del montaje frenético y mecánico. Su gran virtud es un clasicismo elegante y pausado, tanto en el fondo como en la forma, donde el paso lento y quejumbroso del tiempo es un protagonista tan importante como el hechizo por lo desconocido y la poesía de los escenarios inabarcables y recónditos. No hay urgencias ni certezas, sino sólo enigmas y asombro. El sacrificio personal como segunda piel que impregna y fecunda cada minuto de su metraje.

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Habrá espectadores que saldrán desencantados porque no se busca el impacto inmediato y súbito, sino que se pretende y consigue pergeñar una historia sobre el cansancio, sobre la monotonía del lento fluir de la existencia y sobre los amargos desengaños que acompañan a todo gran proyecto que se basa en meras conjeturas y quimeras. Nos habla de la penumbra del fracaso, del azar del éxito, de los atolladeros de la grandeza y la ruindad de la decepción. Es una película atípica porque retoma, sin dudas ni remordimientos, la épica intimista de un David Lean reencarnado. Abraza la aventura como experiencia vital y absoluta, regalándonos un relato fascinante y perdurable lleno de cristalina y luminosa imperfección.

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Review: Amor en línea

En lugar del Sr. Stein es la nueva película del legendario cómico francés de 82 años de edad, Pierre Richard, aclamado unánimemente por la crítica por su interpretación de un viudo de 75 años que el descubrimiento repentino de los placeres de internet le brinda la oportunidad de volver a vivir de nuevo. La película está escrita y dirigida por Stéphane Robelin. Estreno el 25 de Agosto.

En lugar del Sr. Stein es la tercera película dirigida por Stéphane Robelin, asimismo de otros tres cortometrajes en su haber. Todas estas producciones además están escritas por el propio Robelin. Parece ser que el director siente cierta debilidad por los ancianos: su siguiente proyecto se basa en un hombre mayor del Frente Nacional que, muy a su pesar, se encontrará inmerso en el mundo de los sin papeles, su anterior película ¿Y si Vivimos todos juntos? (2011), trata sobre jubilados y examina la relación entre las generaciones en tono de comedia y, En lugar del Sr. Stein, se vuelve a hablar de un jubilado, esta vez conviviendo con el mundo de internet. Además en ambas películas comparten mismo actor protagonista, Pierre Richard.

El actor Pierre Richard es una leyenda de la comedia francesa que durante mucho tiempo, en la década de los setenta, fue el actor cómico más popular en Francia con películas como El Distraído (1970) o El Hombre alto y rubio con un zapato Negro (1972). El éxito de esta última supuso la realización de una secuela, dos años más tarde, en 1974, con La vuelta del gran rubio (con un zapato rojo). Ahora el actor de 82 años con más de 50 años protagonizando películas sin parar, se encuentra al frente de En lugar del Sr. Stein interpretando a Pierre, un personaje repleto de ternura y humanidad. Pierre Richard está respaldado en esta agradable comedia, por Yaniss Lespert, en su primera experiencia en la gran pantalla, tras siete años trabajando en la serie francesa Fais pas ci, fais pas ça (2007-2014).

En la película, Pierre (Pierre Richard) es un viudo de 75 años de edad que vive solitario sin salir de casa desde hace más de dos años, desde que perdió a su esposa. La causa es que la vida no tiene sentido sin ella. Se siente hundido, sin ilusiones, sin motivaciones, por tal motivo su piso de París es desordenado, su higiene personal está descuidada y no le interesa tener una dieta. Su hija Sylvie (Stéphane Bissot) quiere ayudarlo a superar su soledad y, de esta manera, recuperar su conexión con el mundo exterior. Con la esperanza de despertar su curiosidad, Sylvie pone a disposición de su padre un ordenador portátil para que pueda conocer a gente nueva. Ante la falta de conocimientos técnicos de Pierre para el manejo del nuevo artilugio, Sylvie, cansada de ver a Alex (Yaniss Lespert), el novio de su hija Juliette (Stephanie Crayencour), viviendo en su casa sin trabajo, lo contrata para dar un curso de informática e internet a su padre. Alex reticente en un primer momento acaba aceptando porque necesita dinero.

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A Pierre se le brinda la oportunidad de volver a vivir de nuevo, gracias a la ayuda de un mundo desconocido para él llamado internet. Alex le enseña a manejar el ordenador y pronto acaba creando un perfil en un sitio virtual de citas y contactos. Allí conoce a Flora63 (Fanny Valette), una dulce y hermosa joven con la que decide marcar un encuentro. Pero existe un problema, la foto utilizada por Pierre es la de Alex y no la suya. El siguiente paso es convencer a Alex para que acuda a la cita en lugar de él. A partir de aquí comienzan los enredos, malentendidos y cambios de identidad que conllevará a que ambos disfruten de la vida.

Los paralelismos de En lugar del Sr. Stein con el clásico drama romántico Cyrano de Bergerac, de Edmond Rostand son muy evidentes. Estamos ante un Cyrano de Bergerac moderno, un impostor de la era de Internet que a través de su perfil en la página web de citas escribe frases y pensamientos que rebosan lirismo, sensualidad y poesía en una época donde este tipo de lenguaje resulta algo anticuado. Pierre esconde su edad al igual que Cyrano su nariz y, el poeta envía a un hombre apuesto a su adorada y hermosa prima Roxane mientras que Pierre hace lo propio con Alex para que acuda al encuentro de la hermosa Flora.

La ingenuidad con la que vemos a Pierre sumergirse en el mundo de las citas virtuales resulta bastante conmovedora, como comprobamos en la graciosa escena donde Pierre abre la ventana de casa en vez de la virtual. No se trata de una comedia de carcajadas sino más bien de sonrisas aunque hay un par de escenas muy divertidas, en concreto una para destornillarse de risa, en la que se presentan de forma inesperada a la casa de Pierre, su hija y nieta. Ante el asombro y estupor de ambas por encontrarse allí a Flora, la supuesta amante del anciano, y a Alex, el novio de Juliette.

Todo es bastante predecible En lugar del Sr. Stein pero no lo digo en un sentido peyorativo, porque desde un principio sabemos en el terreno donde estamos metidos y nos dejamos llevar de forma agradable porque Stéphane Robelin no se toma nada en serio. Es una farsa divertida y llena de humor que no tiene pretensión de conquistar premios en festivales, solo entretener y pasar un rato agradable y por eso funciona.

Se trata de una comedia amable que no causará muchas pasiones en el espectador pero tampoco creará una sensación de haber perdido el tiempo durante más de una hora y media que dura la película. Una divertida y alegre comedia romántica basada en malentendidos, que disfrazada de modernidad recuerda al humor sencillo de películas clásicas y utiliza como elemento clave en la trama los nuevos medios sociales de la comunicación actual.

 
 

Review: Muerte misteriosa

Guionista de películas como ‘Sicario’ o la excelente ‘Hell or High Water’, Taylor Sheridan dirige su segunda película basada en un caso que sucedió en una reserva india en Wyoming, logrando un filme brillante e intenso.

Cory Lambert (Jeremy Renner) es un cazador y rastreador de animales que trabaja para el gobierno, él descubre el cadáver de una chica nativa que ha sido abusada y asesinada muriendo después de correr más de 10 kilómetros.

Apesadumbrado por la pérdida de su hija años atrás, Cory acepta colaborar con Jane Banner (Elizabeth Olsen), la agente enviada por el FBI para investigar el crimen, y ante la escasez de pistas, Banner deberá confiar en la experiencia de Lambert como rastreador para dar con el asesino.

Sheridan inicia su relato de manera tranquila, mostrando el complejo entorno de Cory Lambert, en un tono de drama familiar, y dejando en claro las habilidades de él como cazador en una breve, pero sustanciosa secuencia inicial, pero de a poco, el tono del relato se va modificando, cada vez más áspero y tenso.

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Sheridan consigue indagar profundamente en sus personajes, incluidos los secundarios, y también en el lugar donde se desarrolla la historia, una reserva india alejada, rodeada de montañas y cubierta por la nieve, que se vuelve un personaje más en el relato, mostrando como hoy día prevalece el racismo, y como los indios en EEUU son tratados como algo diferente dentro de su población.

Con habilidad e ingenio, Sheridan logra una atmósfera atrapante y consigue elevar la tensión a cada momento conforme el relato avanza, narrando con aplomo y solidez y sin la necesidad de esconder pistas ni trucos narrativos, en una película notable en más de un sentido.

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Review: Kingsman: El círculo dorado

Tres años después de la primera entrega de ‘Kingsman: El servicio secreto’, una película que sorprendió por su humor inteligente y sus geniales y sangrientas secuencias de acción llega ahora su secuela, la cual introduce muchos nuevos personajes con la finalidad de establecer una nueva franquicia, el resultado es muy divertido, pero sin llegar al nivel de su predecesora.

El cuartel general de la agencia Kingsman y el domicilio de cada uno de los agentes, exceptuando a Eggsy (Taron Egerton) que viajó a conocer a sus futuros suegros, han sido destruidos en un mortal ataque a cargo de una desconocida organización denominada “El círculo dorado”.

Tras descubrir que en Estados Unidos existe una agencia aliada denominada Statesman, la cual fue fundada en la misma época, Eggsy viaja para conocer a sus colegas con los que habrá de unirse para enfrentar a su nuevo enemigo común que amenaza la estabilidad mundial.

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Si bien en esta secuela la novedad queda anulada y no logra generar el encanto de su predecesora, esta nueva entrega de Kingsman ofrece mucha acción de la más violenta y bastante humor.

Las adiciones al elenco son en su mayoría funcionales, destacándose la desopilante aparición especial de Elton John, y de Julianne Moore quien compone a una villana retorcida y muy divertida, además de las efectivas apariciones de Pedro Pascal, Jeff Bridges, Mark Strong y el infalible Colin Firth, quienes se suben al esperpéntico tono que la película requiere, quizá se echa en falta un poco más de Channing Tatum en pantalla, pero en general el renombrado elenco responde a la altura de lo que el relato necesita para funcionar.

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Matthew Vaughn consigue una secuela que es un entretenimiento efectivo, con espectaculares e ingeniosas secuencias de acción, filmadas con precisión y placer que se disfrutan como tal, que deja todo listo para próximas secuelas, las cuales son más que bienvenidas.

 
 

Review: Attraction: La guerra ha comenzado

De a poco, el cine ruso se ha hecho presente en la cartelera mexicana con productos de diferentes estándares de calidad, pero en su mayoría versiones autóctonas de grandes blockbusteres, siendo el caso que nos ocupa una película de ciencia ficción con extraterrestres incluidos.

Al mismo tiempo que sucede una lluvia de meteoritos sobre Moscú, una nave extraterrestre entra por accidente en la órbita de los meteoritos entrando a la atmósfera terrestre, la Fuerza Aérea de Rusia decide derribarla, la nave pierde el control y cae sobre la ciudad ocasionando muerte y destrucción.

El gobierno cerca la zona de afectación donde ha caído la nave, mientras buscan la manera de hacer contacto, grupos de jóvenes tratan de organizarse para hacerles frente a los posibles invasores.

Con una fuerte carga de nostalgia ochentera en su concepto visual, ‘Brigsby Bear’ es una excéntrica película con una total impronta Sundance, que plantea una situación compleja la que resuelve centrándose en un personaje que asume el trauma que le ha tocado vivir, pero sin detenerse en ello y poniendo su atención en dar un cierre a un programa que se vuelve una obsesión al ser toda su ventana al mundo durante gran parte de su vida.

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Aunque la premisa de la película rusa parece irse más por los caminos de la ciencia ficción y la acción, introduce una trama romántica que empantana el relato y que dilata en su desarrollo, y que no permite que el pretendido discurso contra los prejuicios a los diferentes fluya, a la vez que este es repetido y subrayado a lo largo del relato.

Así, la trama romántica se impone y la película lo resiente, metiendo forzadamente al relato en una eterna pausa que tarda en volver a andar, llegando tarde las secuencias de acción que son salvadas por unos bien logrados efectos visuales.

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Review: Asesino: Misión venganza

El lanzamiento como héroe de acción de Dylan O’Brien, protagonista de la saga ‘Maze Runner’, se da con una película basada en el best seller de Vince Flynn que no aporta nada original, pero que llega a ser un filme entretenido.

O’Brien es Rapp, un joven que, tras perder a su novia en un atentado terrorista, es reclutado por la CIA para someterse a un duro entrenamiento a cargo de Stan Hurley (Michael Keaton), un espía experimentado que tiene a su cargo a un grupo de jóvenes con diferentes habilidades para combatir el terrorismo.

Cuando se conoce que un grupo de terroristas ha adquirido materiales para construir una poderosa bomba, Hurley encabeza una misión para cazar a Ghost, un misterioso terrorista que desde el anonimato amenaza con detonar la bomba, integrando a su equipo a Rapp,uno de los más avanzados en su entrenamiento

Michael Cuesta, realizador que debutó con la poderosa L.I.E. (2001), entrega en esta ocasión un thriller de acción aderezado con elementos que conjugan el espionaje con temática de venganza, que remite a un sinfín de franquicias como ‘Bourne’, ‘Bond’ o ‘Misión imposible’ y que más que apoyarse en su protagonista, lo hace en la figura de Michael Keaton, quien eleva la película cada vez que aparece a cuadro.

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Cuesta es un artesano habilidoso y sabe cómo rellenar los distintos huecos que presenta el guion, además consigue filmar con solvencia sus secuencias de acción, donde sobresale la que se ubica cerca del final, explosiva y llena de tensión.

Pero la película resiente en su desarrollo un guion endeble y personajes no del todo estructurados, como el protagonista y su interprete, quien no llega a sostener el relato por sí mismo, y un villano poco solvente que le resta méritos a una película de aceptable factura.

 
 

Review: Me gusta, pero me asusta

El realizador sinaloense Beto Gómez, director de películas como ‘Salvando al soldado Pérez’ y ‘El sueño del caimán’, gusta de situar sus historias en el norte de México, presentando ahora una historia donde hace buen uso de los estereotipos, con norteños que llegan a la capital mexicana.

Brayan (Alejandro Speitzer), es un joven introvertido y sensible que nació en el seno de una familia muy unida pero que ya tiene determinado su destino al que él no se ajusta, ya que su sueño es convertirse en chef y poner su restaurante, su vida cambia cuando su padre (Joaquín Cossío), lo envía a la Ciudad de México en compañía de su padrino (Héctor Kotsifakis) para expandir el negocio de la familia.

Ya en la capital, Brayan conoce y se enamora de Claudia (Minnie West), una joven que comparte una casa con sus dos amigos, pero que se ve forzada a trabajar en la inmobiliaria de su familia ante la presión de su padre (Héctor Mendoza), Claudia también se siente atraída por Brayan, pero le asusta el peculiar modo de vida de su familia.

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Beto Gómez es un buen narrador, es por eso por lo que ‘Me gusta, pero me asusta’ fluye en todo momento, Gómez hace buen uso de los estereotipos de los personajes norteños, a los que conoce muy bien, y los lleva a un extremo tal que los delinea de una forma caricaturesca pero no grotesca y si efectiva, como el padrino que interpreta Kotsifakis o la divertida argentina a cargo de Camila Selser.

Partiendo de una idea propia del protagonista Speitzer, la historia es una comedia de enredos y romántica, pero que en su desarrollo logra esquivar ciertos lugares comunes típicos del género, aunque cerca del final no logra desatarse de ciertos recursos que se usan para intentar alargar la historia del romance.

La historia se apega al absurdo y consigue sacar sinceras carcajadas sin recurrir a palabras altisonantes o escenas grotescas, Gómez filma bien y consigue una comedia efectiva que consigue vencer los prejuicios.

 
 

Review: Borg vs. McEnroe

En 1980 en la llamada catedral del tenis, se jugó lo que se ha conocido como el partido del siglo, siendo este la final del torneo de Wimbledon entre el joven ascendente John McEnroe y el hasta entonces 4 veces ganador, de manera consecutiva, el sueco Björn Borg, el realizador Janus Metz toma como punto de partida, además de principal línea argumental, el épico enfrentamiento para narrar la rivalidad de dos tenistas que parecían no tener nada en común.

La película se centra en desarrollar la personalidad de Borg, interpretado por Sverrir Gudnason, desde los momentos previos a enfrentar Wimbledon, con idas y vueltas en el tiempo donde se muestra sus primeros pasos en el tenis, la relación con su padre, con su novia y su entrenador Lennart Bergelin (Stellan Skarsgård), quien logró que Borg consiguiera dominar sus emociones y volverse casi un tempano de hielo.

Por otra parte, el retrato que se hace del norteamericano John McEnroe parece insuficiente, interpretado por Shia LaBeouf, con quien parece tener en común el carácter más que rasgos físicos, y del que apenas se muestran sus rabietas y actos de rebeldía y no mucho más, lo cual se entiende hasta cierto punto, tomando en cuenta que se trata de una producción sueca.

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La recreación de la época es atinada, así como las caracterizaciones, lo que se echa en falta es lo poco que indaga en las personalidades de los protagonistas, ya que cuando lo hace es de manera superficial y por momentos, en el caso de las relaciones de Borg, son bastante idealizadas.

La representación del partido es eficaz, consigue transmitir emoción y tensión en los diferentes momentos en los que uno y otro se puso al frente en el largo tie break, quizá siendo esta una experiencia más disfrutable para los que conozcan de que va un partido de tenis, pero que consigue ser entretenido por igual.

A pesar de sus fallas, el primer largometraje de ficción del danés Janus Metz es una película que se disfruta gracias a su ritmo, a la solido de su narración, y a sus buenos intérpretes, que consiguen una película que entretiene y divierte.

 
 

Review: ¡Madre!

Al igual que en su película anterior, ‘Noé´’, el director Darren Aronofsky aborda una temática religiosa plagada de alegorías en una película que plantea un inicio sugerente e intrigante para terminar en un terrible caos, donde lo que predomina son los excesos narrativos.

Jennifer Lawrence interpreta a una mujer casada con un escritor (Javier Bardem) que atraviesa una severa crisis creativa luego de haber sufrido un incendio en su casa, la cual ha sido reparada íntegramente por su mujer, quien se encarga de todos los detalles de la casa mientras su marido intenta escribir.

La calma de su casa se agota al llegar un extraño a su puerta (Ed Harris), a quien el marido permite quedarse en su casa de manera inexplicable, esto a la mujer le sorprende ya que su marido empieza a comportarse de manera extraña, lo que queda en mayor evidencia ante la llegada de la esposa del extraño (Michelle Pfeiffer), lo que magnifica el estado de las cosas.

El inicio de ‘¡madre!’ es por demás interesante, logrando generar una atmósfera enrarecida e inquietante, con momentos que evocan a otras películas con las que parece conectar, como ‘Rosemary´s Baby’ que parecen anticipar momentos llenos de tensión, pero nada es lo que parece, y desafortunadamente la nueva película de Darren Aronofsky se encamina a una segunda mitad desbordante de excesos y con niveles altos en sus pretensiones discursivas.

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El estilo de Aronofsky es similar en esta a otras de sus películas, una inquieta cámara en mano que sigue muy de cerca e incansablemente a Jennifer Lawrence, como lo hacía en ‘El cisne negro’, mientras que temáticamente va de lo religioso o místico a lo naturalista y hasta lo feminista, en una historia que es una sumatoria de temas que terminan por abrumar, tanto por lo que narra como por la forma de hacerlo. Aronofsky suma información a cada momento, pero no todo lo que cuenta terminará por tener alguna consecuencia, mucho de esto que agrega a la trama (la familia, el pleito entre hermanos, el agujero en el piso, el sótano y demás) perece tener algún significado, pero al final no es así, lo mismo pasa con los temas que aborda, los cuales son demasiados y en los que no termina por profundizar.

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Como lo ha sido desde sus primeras películas, a Aronofsky le interesa más la forma que el fondo, en ‘¡madre!’ sus alegorías religiosas y temáticas son muy forzadas y al mismo tiempo obvias (la mujer abnegada, el Dios todopoderoso, la representación de Caín y Abel, la crítica al fanatismo, el maltrato a la Madre naturaleza, etc), y todo su discurso termina perdiéndose entre la grandilocuencia y lo artificioso de su propuesta, a la cual intenta dotar de cierto aire surrealista que logra ser apenas algo absurdo.